Tasación de naves industriales: un enfoque profesional

Aunque hayamos desarrollado la tendencia a medir todo en Bernabéus, en vez de seguir empleando, como sería lo suyo, los tradicionales metros cuadrados, sabemos que las superficies son muy diferentes: los estadios no tienen nada que ver con los pisos. Y los pisos, nada que ver con las naves. La tasación de naves industriales presenta sus propios retos y requiere de técnicas y procesos específicos. En este post, vamos a repasar unos y otros.

Definición de nave industrial: por qué su tasación es diferente

Como en tantas otras ocasiones, todos tenemos claro de qué hablamos cuando hablamos de una nave industrial. Pero marcar la línea que separa una nave de otro tipo de inmueble puede no ser tan sencillo. ¿Y si una parte de la superficie se emplea para otra finalidad? Precisamente, aquí está una de las claves: una nave industrial es una edificación donde, al menos, alrededor de dos tercios de la superficie se destinan a un uso industrial o productivo, ya sea fabricación, almacenamiento o logística. Por lo tanto, aunque parte de su extensión se dedique a otros fines (oficinas o, incluso, vivienda) su clasificación puede seguir siendo industrial.

Y este requisito es una de las claves por las que la tasación tiene que ser diferente: la capacidad operativa de ese inmueble (cuánto puede producir, almacenar o procesar) influye decisivamente en su valor. Como también lo hacen las variables que determinan dicha capacidad: altura libre, resistencia del suelo, accesos para camiones y el tonelaje de los mismos, etc.

Vamos a detenernos un poco en esto.

Factores diferenciales de las naves industriales

Los metros cuadrados, la superficie estricta, son importantes a la hora de valorar un inmueble, sin duda. Pero de la misma forma que la distribución, la ubicación o incluso los acabados que contienen esos metros pueden cambiarlo todo, en una nave no basta con saber el número de metros. Hay que verificar que la superficie real se ajusta a la registral y que las desviaciones sean asumibles.

En el caso de las naves, en vez de acabados o contenidos, influyen más la altura libre, la capacidad de carga del suelo, la tipología estructural o la posibilidad de expansión dentro de la parcela (factor que raramente influye a la hora de valorar inmuebles destinados a la vivienda). ¿Por qué son importantes?  Pues la razón también depende del avance de las técnicas logísticas y de los requisitos de producción o distribución. En logística moderna, por ejemplo, alturas mayores y suelos reforzados permiten sistemas de almacenaje y mecanización que incrementan la productividad y justifican rentas superiores. Otras variables específicas de las naves industriales son la luz entre pórticos, el fondo de la nave o la anchura de la parcela.

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Ubicación de las naves industriales vs ubicación inmuebles

La ubicación, cuando hablamos de vivienda, suele describirse en términos de barrio (perfil socioeconómico, distancia al centro), servicios (centros de salud, colegios, supermercados), transporte público y calidad urbana (zonas verdes, de restauración, equipamientos deportivos). Ninguna de esas variables (con la posible excepción del transporte público) es importante a la hora de describir la ubicación de una nave industrial: aquí lo que cuenta es la proximidad a ejes viarios, puertos, aeropuertos y plataformas logísticas, así como la facilidad de maniobra y acceso para vehículos pesados.

En cierto sentido, los polígonos o zonas industriales cumplen el mismo papel de los barrios en los inmuebles; un polígono bien conectado, con buenos viales internos y servicios, puede marcar diferencias claras de valor frente a una nave industrial situada en otro con accesos complejos o restricciones de tráfico pesado. Además, la compatibilidad urbanística con determinados usos (almacenaje, industria pesada, actividades con impacto ambiental) condiciona la profundidad de la demanda y el rango de rentas posibles. La influencia del polígono en la ubicación se expresa en variables más técnicas: anchura de viales, radios de giro, restricciones de tráfico pesado, etc.

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Tasar instalaciones y riesgos técnicos vs tasar acabados y calidades

Por supuesto, las naves industriales deben incorporar instalaciones y equipamiento específico: puentes grúa, muelles de carga, cámaras frigoríficas, sistemas contra incendios (rociadores, BIE, depósitos), climatización industrial, redes de datos, telecomunicaciones, sistemas de automatización, etc. Y por las propias características de la actividad que se realiza en ellas, estas instalaciones están sujetas a comprobaciones, modificaciones y reformas casi continuas. Por lo tanto, su estado, cumplimiento normativo y grado de especialización influyen directamente en el valor. Además, a diferencia de lo que ocurre con los inmuebles, este valor suele ser más medible y objetivo, tanto en sentido positivo como negativo. Siempre es necesario, por ejemplo, tasar la obsolescencia funcional o la inversión necesaria para adaptar la nave a los estándares del mercado.

Es sin duda más difícil encontrar “soluciones estándar” en una nave industrial, ya que sus instalaciones habrán sido modificadas en función de la actividad concreta que se ha realizado en ellas; por su parte, los inmuebles destinados a vivienda sí suelen respetar características comunes, cuando no son, en muchos casos, réplicas unos de otros.

Y si entramos en “calidades y acabados”, en el caso de las naves industriales estaríamos hablando de tipo de estructura (hormigón, metálica, mixta) o el estado de conservación de la cubierta, cerramientos y pavimentos; por resumirlo en una frase, incluso cuando manejamos los mismos conceptos estamos hablando de variables diferentes.

Peculiaridades normativas de la tasación de naves industriales

Parafraseando al clásico, con la ley hemos topado, amigo Sancho. En España, las tasaciones con finalidad hipotecaria se rigen por la normativa ECO, que establece métodos, requisitos documentales y técnicos para cualquier tipo de inmueble, incluidas las naves industriales. Sin embargo, en activos industriales es especialmente crítica la revisión de licencias, cumplimiento de normativa de seguridad, incendios y medio ambiente, por el impacto que pueden tener en el valor y en la viabilidad del uso.

La finalidad de la tasación también marca el enfoque: no es lo mismo valorar una nave para garantía hipotecaria estándar que para una operación corporativa, una aportación a una SOCIMI o una desinversión industrial. En operaciones de inversión institucional el análisis del activo se aproxima al que se realiza en edificios destinados al alquiler, pero con una lógica operativa mucho más ligada a la cadena logística.

Métodos empleados en la tasación de naves industriales

En vivienda, el método de comparación (precio por metro cuadrado de operaciones similares) suele ser el enfoque principal, complementado por el coste de reposición o el método de actualización de rentas en producto de inversión. ¿Por qué? Porque es un mercado con un número muy alto de operaciones de compraventa y alquiler que, además, están muy sujetas a variables económicas, políticas o, incluso, estacionales o culturales. Dicho de otra forma, es un mercado que genera un volumen muy alto de información.

En naves industriales, el método de capitalización de rentas y el enfoque de ingresos cobran un peso mayor, especialmente en activos logísticos y de inversión. El tasador debe analizar rentas de mercado, periodos de vacancia y riesgos asociados a la actividad para estimar un valor que refleje la capacidad del activo de generar flujos de caja futuros, y no tanto su valor en una operación de compraventa a corto plazo.

El papel del especialista

Por la combinación de factores técnicos, urbanísticos y de mercado, la tasación de naves industriales exige profesionales con conocimiento tanto edificatorio como industrial. Arquitectos, ingenieros y tasadores especializados aportan una visión que va más allá del “metro cuadrado”, analizando la nave como una herramienta de trabajo y no solo como un contenedor físico.

En este sentido, el reto no es únicamente “poner número” al activo, sino interpretar cómo su diseño, ubicación y grado de adaptación a las demandas actuales del mercado industrial y logístico condicionarán su valor presente y su capacidad de seguir siendo competitivo en el futuro.

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